"Muchachos, este no es el 2011". La frase no se le cae de la boca al gobernador. Cada vez que los mendicantes "sijosesistas" se le acercan, repite las mismas palabras. Los gestos, los movimientos y las decisiones son propias de un fin de fiesta. La coparticipación federal no gotea como antes y no hay plomero que transforme ese flujo en un torrente incontenible. Los expertos del Ministerio de Economía afirman que la merma de ingresos federales no es como para asustarse; pero cuando se sumen cada uno de estos poquitos se va a sentir la diferencia. Por eso Alperovich está tranquilo; pero tiene argumentos para advertir que "se vienen tiempos difíciles" y que "no hay plata para hacer algunas cosas".
Mal de los pulmones
Alperovich venía agachando la cabeza y demorando resoluciones. Esta semana cambió su ritmo de trabajo y tomó decisiones postergadas. Sentó a los concejales y los obligó a borrar con los codos lo que habían votado con las manos. Los ediles derogaron la ordenanza que autorizaba a construir en los pulmones de manzana. Alperovich sólo les dijo: "esto no va". No dio explicaciones, ni se explayó. Fue una orden lacónica, como toda orden.
Es lo mismo de siempre en Tucson. Alguien le pide algo al oficialismo, el gobernador le da vía libre y le ordena al Concejo (en este caso, pero podría ser la Legislatura) que haga lo que se le pide. Las advertencias de la oposición, de la prensa o de quien fuere son descartadas, por desestabilizadoras. En el oficialismo son incapaces de analizar o de escuchar argumentos, y avanzan cual caballos con anteojeras. Cuando chocan contra las paredes de la lógica, es el mismo gobernador el que dispone dar marcha atrás y reformar lo aprobado. Como siempre Alperovich queda bien parado y hasta con la imagen de ser un educado gobernante que escucha, que es capaz de dar marcha atrás y que puede cambiar de opinión, aun cuando una esté en las antípodas de la otra. Pero los ediles (en este caso) terminan demostrando que son unos inútiles políticos, que sólo actúan cuando el gobernador (ni siquiera el intendente, que podría tener cierto vínculo con ellos) les dice qué hacer. Estas actitudes son las que diluyen el poder de estos políticos, pero -al mismo tiempo- le faltan el respeto al ciudadano que tomó la decisión de votar por ellos.
Boleto de ida
Lo mismo ocurrió con el boleto de ómnibus. No esperen los vecinos una explicación ni una justificación determinada para entender por qué en muy pocos días los ediles de esta ciudad van a aprobar el incremento del costo del cospel. Tanto los funcionarios municipales como Alperovich y los concejales sienten que han dejado pasar tanto tiempo desde el primer pedido que el aumento que van a autorizar está justificado. Los empresarios pidieron un incremento a mediados del año pasado, y les pidieron paciencia hasta después de las elecciones. Cuando volvieron (a la Casa de Gobierno, no a la intendencia de capital) se fueron con otro pedido: "esperen que pasen los comicios nacionales". Regresaron y esta vez los patearon hasta después del 10 de diciembre. Las vacaciones fueron el justificativo para pasar todo hasta marzo. En el último encuentro les pidieron que dejaran pasar las paritarias con los estatales. Llegó la hora y Alperovich dispuso que avancen. "Ojo sólo $ 2,50. El aumento que llegue hasta ahí", fue la orden del gobernador, cual general que disciplina sus huestes. Los empresarios de Aetat habían pedido que el cospel valga $ 2,70; y algunos ediles amables ya les habían dicho que sí. Sin embargo, se aprobará $ 0,20 menos; y los empresarios ya adelantaron que tendrán problemas para pagar los sueldos. La historia vuelve a repetirse. Los aumentos se conceden o no sobre la base de lo que marca el termómetro político y de las conveniencias de los que manejan el poder; no en función de una lógica, de necesidades o de estudios profundos que justifiquen una u otra postura. Alperovich dispuso el incremento; se subió al avión para ir al acto de Vélez y llegó primero que ninguno. "José, primero averiguá si van otros gobernadores. Ese es un problema entre Moyano y Cristina. Vos no tenés nada que ver", le bisbisearon al oído algunos "sijosesistas". No les llevó el apunte y voló a Buenos Aires.
Poca paz
Cuando el ex juez de Paz de Tafí Viejo Juan Carlos Cipriani fue a consultar en el Palacio de Justicia que le llegó el rumor de que lo sacaban del cargo, la respuesta también fue simple: "es una decisión tomada, no seguís". Cipriani pensaba que él debía tener la confirmación en ese lugar, porque ya tenía siete años de antigüedad y había llegado a ese despacho luego de viajar más de tres años a lomo de mula para atender los problemas de los vecinos de San José de Chasquivil. Él cumplía la función de juez de paz itinerante, y había logrado en el lapso de gestión muy buenas relaciones. Por eso pensó que sería confirmado; pero la elegida fue Gabriela Terraf.
Estas cosas pasan en la administración pública. En la Universidad Nacional de Tucumán, el subsecretario de Bienestar Estudiantil, Esteban Varela, habría quedado mal parado en los últimos días después de algunas disidencias con el diputado nacional Luis Sacca y con el director de YMAD -por la UNT-, Fernando Valdez, que juegan en el mismo equipo. Parece que en la UNT no se puede remar contra el rector virtual; porque si eso pasa, Juan Cerisola sacaría la lapicera para cumplir la voluntad del parlamentario.
Se busca intendente
Alperovich ha cambiado la marcha. Andaba lento, y en estos días apretó el acelerador. Mientras se va acostumbrando a que su mujer tenga más llegada que él en Buenos Aires, ha decidido a volver a caminar por distintos lares durante las tardes; algo que había empezado a olvidar. El mandatario guardó en el cajón la reforma constitucional y se puso a buscar intendente. Domingo Amaya, definitivamente, ya no está en su corazón. En la Legislatura, por su parte, resoplan contra los hijos y contra los entenados. En la última sesión, todos levantaron la mano tal cual lo pidió José; pero los peronistas de siempre andan refunfuñando, porque los que firman las leyes suelen ser Regino Amado, Guillermo Gassenbauer y Armando Cortalezzi, aunque en el recinto los que terminan buscando argumentos y defensas suelen ser los otros. "Y lo que es más grave, hay veces que no sólo no abren la boca, sino que ni van a la sesión", se queja un experimentado en cuestiones legislativas. En la Cámara, las diferencias generacionales va quebrando la unidad del bloque.